Por: Ixcnel Castillo.communicare.uanl.mx
Hot Milk, dirigida por Rebecca Lenkiewicz, es una película que se desliza entre la introspección y el calor de lo sensorial. Protagonizada por Fiona Shaw (Rose), Emma Mackey (Sofia) y Vicky Krieps (Ingrid), nos traslada a la costa española, donde una madre enferma y su hija buscan un tratamiento experimental con un médico enigmático. Lo que parece un viaje médico pronto se convierte en una travesía emocional, donde los recuerdos se entrelazan de forma inquietante una experiencia que se vivió en las salas de Cinépolis.
El corazón de esta historia no está en lo que ocurre, sino en cómo ocurre. A través de silencios, miradas y una fotografía cálida y densa, la película nos obliga a observar de cerca a sus personajes: Rose, una madre atrapada en su propio dolor físico y emocional; Sofia, su hija, que oscila entre el cuidado y el resentimiento; e Ingrid, una presencia libre que despierta en Sofia una identidad dormida. Ninguno busca la simpatía del espectador, y eso hace que comprenderlos sea un ejercicio de contemplación más que de juicio.
La película no da respuestas fáciles. Está construida como un rompecabezas de memorias, heridas y revelaciones. Hay vueltas, secretos y silencios que nos empujan a reflexionar sobre la vida desde otras perspectivas: cómo lo que duele para unos puede pasar desapercibido para otros, cómo lo invisible del pasado puede alojarse en el cuerpo.
Lo más poderoso de Hot Milk es su capacidad de hacernos pensar incluso mientras transcurre. La introspección de cada personaje se siente en cada escena. No es una película para distraerse, sino para mirar hacia dentro. Y cuando llega ese final en suspensión, abierto y sorpresivo, la reflexión apenas comienza, llenando de preguntas a quien lo vea.
Hot Milk no pretende gustarle a todos, pero sí desafiar a quien se deje llevar. Es una experiencia de observación, de incomodidad y pensamiento. Un recordatorio de que las emociones no siempre se expresan con palabras, y que a veces, solo entendiendo lo turbio en otros, podemos reconocer algo de eso en nosotros mismos.
