Una mujer fuera de su hábitat

Cargado de varias emociones, es el terror el que predomina el tono de la cinta, que en ocasiones te distrae con los tintes cómicos para que olvides el susto, y así, logre espantarte una vez más. Es un manejo de tensión psicológica y horror “monstruoso”, Raimi plasma en pantalla miedo en el espectador tanto con ilusiones y pesadillas, como con conflictos sádicos.

La cinta se toma la libertad de exponer la violencia sin pena y sin censura, al manejar escenas realmente sangrientas, clasificación B – adolescentes mayores a 12 años – que pueden incomodar. Logra una angustia e inquietud que provoca dejar de ver la pantalla, pero es más la curiosidad de ver el desenlace del conflicto.

Raimi, de manera satisfactoria, logra un juicio ácido a los fallos de un sistema social que premia a los abusivos y castiga a los sumisos; poniendo en jaque el cambio drástico de escenario, roles y tono de la cinta, marcando puntualmente con el accidente aéreo; te demuestra muy claro la transformación de situaciones horrorosas y violentas sin punto de retorno.

Mostrando cómo Linda sí es capaz de adaptarse al poseer una variedad de habilidades, mientras que Bradley es todo lo contrario, al ser tan dependiente del capitalismo y de un consumismo inútil. La cinta expone lo difícil que es sobrevivir a un hábitat violento que se le compara con una oficina.

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