Por Valeria Sánchez-communicare.uanl.mx
La primavera es símbolo de comienzo y esperanza, la oportunidad de dar ese cambio a nuestras vidas que tanto esperamos. Nos llena de los colores, aromas, sonidos y retoños que dejamos olvidados durante el invierno. El calor aumenta y se encarga de derretir el frío de nuestros corazones para hacerlos zumbar con el nuevo inicio.
El equinoccio de primavera es el resultado de que el sol cruza directamente el Ecuador, produciendo días y noches de la misma duración, un cambio de horario que nos permite disfrutar un poco más de los rayos solares. A partir de este momento, los días se hacen más largos y las noches más cortas.
Es en estas fechas en las que podemos apreciar cómo tanto plantas y animales de todos los tamaños resurgen con la misma majestuosidad que la última vez. Vemos a las aves conquistando a sus parejas a través de sus cantos, a pavorreales alzando sus plumas coloridas, a los osos despertando de su hibernación y a los insectos haciendo sus primeras apariciones; el viento sacude las ramas rebosantes de hojas de los almendros y cerezos, y vemos el regreso de los girasoles, tulipanes, margaritas y las rosas.
La naturaleza nos dicta que dejemos atrás nuestras inquietudes, que aprendamos a apreciar cada pequeña cosa que nos ofrece y disfrutemos de que la vida sigue, sin importar nuestros errores del pasado. Es época de dejar rencores y comenzar con energía, de florecer en un jardín nuevo.
Bien dice el refrán “la primavera pasa ligera, al revés que el invierno que se hace eterno”, el buen tiempo volando y es mejor detenerse a apreciarlo, antes de que sea demasiado tarde. En enero, comienza el año; con la primavera, el verdadero cambio.