Daniel Inocente, migrante hondureño con el deseo de ver a su hija
En los últimos años, se ha visto que mexicanos de otros Estados del país vienen en busca de mejores empleos o salarios en la ciudad de Monterrey, pero también, personas de otros países de Centro América han sido protagonistas por las constantes caravanas migratorias llegando a la ciudad regiomontana. Se nos hace fácil opinar y juzgar la llegada de migrantes a la ciudad, pero nunca nos hemos puesto a pensar que un camino migratorio es tan agotador, complicado y peligroso. Muchas familias migrando con sus hijos en brazos, niños, niñas, mujeres embarazadas y personas de la tercera edad. Exponen su vida por días y semanas de migración con el objetivo de mejorar su calidad de vida, porque en su país de origen no hay crecimiento laboral y/o económico, ni mucho menos una calidad de vida digna que todos merecemos.

Es evidente encontrarte en las calles de Monterrey y su área metropolitana a hondureños, haitianos o cualquier otro ciudadano de Centro América, desolados buscando donde dormir o que comer. Es por eso que, asociaciones y albergues de Monterrey han tenido la bondad y disponibilidad de brindarles refugio y alimento a todos los migrantes. La Casa INDI recibe constantemente a guatemaltecos, salvadoreños, venezolanos, cubanos, nicaragüenses y hondureños, todos cuentan una historia y experiencias que han marcado su vida.
Al entrar a las oficinas de Casa INDI ubicada en la Avenida Bernardo Reyes #2404, Col. Bella Vista en Monterrey N.L. Me encontré con Ángel Daniel Inocente Dera, un hondureño de 47 años de edad, estatura de 1.65 cm aproximadamente, cuerpo tipo delgado, con brazos cortos, ojos hundidos y pequeños, cejas cortas, ojos color negros, tez bronceada, orejas grandes, nariz ancha, labios finos y una marca de cicatriz en la frente. Se encontraba parado recargado en una pared, usando unos lentes y su vista enfocada en su celular. Él con una sonrisa aceptó la entrevista amablemente y nos sentamos en el comedor que se encontraba en las oficinas.

Daniel Inocente nació el 19 de marzo de 1975, en la capital Tegucigalpa en Honduras. Es perito mercantil y contador público, fue Jefe de Administración en una ferretería en Honduras, además, tiene oficio de electricista y pintor. Actualmente es voluntario en Casa INDI en el área de almacén.
Su pasatiempo en Honduras eran los gallos de pelea. No le gustaba aventarlos cuando peleaban en el palenque, él sólo los cuidaba. Le gusta el plumaje por ser diferente a las plumas de un gallo común, siempre les ha tenido un cariño a los animales. Le fascina el oficio de electricista pues no lo ve como un trabajo, sino algo que le gusta y disfruta realizar.
Antes de tomar la decisión de migrar, Daniel vendía “Yuca con chicharrón” el platillo típico de Honduras, que es una papa con chimol que se conoce aquí como picadillo de tomate, chile morrón, cebolla, cilantro, con chicharrón y pata de puerco, acompañado de una salsa “sin picar” con repollo.
Inocente, salió de Honduras solo y se dirige a los Estados Unidos para cumplir su sueño americano y conocer por primera vez a su hija. Llegó a la ciudad de Monterey, Nuevo León el 12 de junio del 2021. En su trayecto de migración estuvo solo, caminó por la entrada de la Frontera Corozal hasta Coatzacoalcos, Veracruz, que fueron dos semanas de camino aproximadamente. A causa de esto, sufrió de inflamación en los pies, le salieron llagas, tenía sed y hambre.
Mientras caminaba lo seguían delincuentes con la intención de robar sus pertenecías, lo seguían los perros abandonados, hasta las avispas o abejas trataron de picarlo y las autoridades de migración lo acosaban. Se dormía en las vías del tren, la línea del tren la usaba como almohada y la tabla como si fuera una cama. Estuvo expuesto a los constantes cambios de clima, frio, sol hasta la lluvia, se bañaba en los ríos y en los montes hacia sus necesidades. “Me encontraba con ciudadanos mexicanos unos me ayudaban y otros me discriminaban, realmente el país de México y la ciudad de Monterrey son muy bonitos. Me gusta estar aquí, pero mi objetivo es Estados Unidos”, mencionó Daniel con seguridad y firmeza.
Ángel Daniel es una víctima más del crimen organizado, su paso por la Frontera de Nuevo Laredo, Tamaulipas al Norte de México, tuvo como resultado una desgarradora y atroz experiencia. Unos hombres de aspecto rudo y dominante lo secuestraron, lo golpearon, le causaron heridas graves, le fracturaron las dos piernas y le cortaron la frente, ¡Casi me matan!, exclamó asustado y con voz temerosa.
Como si fuera la escena de una película de criminales, encerraron y amarraron a Daniel para que no escapara. “Intente escapar en varias ocasiones, pero ellos me alcanzaban, por eso me rompieron las piernas. Entonces me encerraron en el vagón de un tren como a las 5 de la tarde, me dijeron que me fuera a Monterrey y que no volviera a intentar cruzar a la frontera.

Me dejaron más muerto que vivo, mucha sangre salía de mi cuerpo, empecé a sentir mucho frío y a quedar sin fuerzas. La mañana siguiente del 11 de junio del 2021, desperté en el vagón y traía puesto solo pantaletas (calzoncillos) y grité: ¡AUXILIO!. Gracias a Dios, un oficial de policía que estaba en su patrulla cercas de las vías del tren me escuchó, pero el tren siguió su trayecto. Pasaron 15 o 20 minutos aproximadamente y el tren se detuvo, el oficial me cargo para ayudarme a bajar y me subió a la patrulla. Me dejó tirado en un Oxxo y pedí ayuda, poco después una ambulancia llegó y me llevó al Hospital Universitario. Me ingresaron y curaron mis heridas, tengo treinta y siete puntas en la frente, me enyesaron las piernas, tiempo después me dieron de alta”. Mencionó Inocente con una expresión de miedo y tristeza en su rostro y con un nudo en la garganta al recordar aquel terrible suceso.
Tenía que pagar por el tiempo que permaneció en el hospital y por la curación que le realizaron, pero Daniel no tenía nada de dinero, no conocía a nadie ni mucho menos tenía un lugar donde dormir. “Aquí no es ningún hotel y tiene que irse. Me sacaron del hospital y mi única opción era quedarme en la calle”. En eso iba entrando al hospital un taxista con su esposa embarazada, me observó y dijo. ¡Wey, qué onda! ¿Qué te pasó?, le conté lo que me había sucedido y le dije, “Necesito que me lleves a un albergue ¿crees que me puedas ayudar?”, el señor muy amable me dijo que si, que él iba a dejar a su esposa porque ya estaba a punto de tener al bebé y después me dejaría en un albergue. “Lo esperé y me dejó en Casa INDI, donde permanecí cuatro meses y medio en condiciones de recuperación, pues me encontraba en silla de ruedas y muletas” mencionó Inocente con un alivio y tranquilidad en su rostro.
Decidió quedarse en Casa INDI ofreciéndose como voluntario, debido a las lesiones y fracturas que su cuerpo sufrió, tuvo un trauma psicológico que no permitía que él saliera a la calle a buscar trabajo. “El trauma psicológico era evidente, por las noches despertaba llorando y con miedo, solo pensar que en cualquier momento entraría por la ventana o por la puerta y me matarían”. dijo Daniel sollozado y llevando ambas manos hacia su rostro ocultándolo.
En su proceso de recuperación, Daniel comenzó a leer libros de motivación y de electricidad que es un oficio que le gusta realizar. Además, buscó ayuda profesional porque tenía pensamientos de suicidio, en las maneras de cómo acabar con su vida y estar decepcionado de la vida. “Mi mayor sueño es conocer a mi hija que nació en Estados Unidos, por tal motivo, decidí salir adelante, busqué los recursos y especialistas para acabar con mi trauma psicológico”, mencionó con una sonrisa colocando sus codos sobre la mesa entrelazando sus manos.
La situación de Honduras es complicada, las personas trabajan sin resultados de crecimiento y el salario sólo es para “pasar el rato”, aunque des todo tu esfuerzo y dedicación al trabajo no te alcanza para pagar una casa. “En mi experiencia trabajar en Honduras y en México es la misma situación, como dice el dicho: La misma mona, nada más que en diferentes ramas. Lastimosamente los habitantes de América Latina migramos por la falta de oportunidades y progreso económico. A comparación de Estados Unidos, mis paisanos aprovechan su estancia para trabajar y ganar dinero que es su principal objetivo”.
Su estancia en el albergue fue con un recibimiento cálido, amable y digno. Lo ayudaron y pudo encontrarse consigo mismo, hablando psicológica y espiritualmente. “El Padre Felipe, me dio la mano y me dijo: “Aquí estoy apoyándote”. Como parte de mi agradecimiento estoy como voluntario ayudado en Casa INDI.
Daniel tuvo otra oportunidad en su intento de cruzar a los Estados Unidos, cuando le avisaron que el “coyote” estaba listo para cruzar la tarifa aumento a siete mil dólares, por lo que no tenía contemplada esa cantidad de dinero, sólo tenía disponible cuatro mil quinientos dólares. Otra situación que lo frenó para no cruzar era porque los hombres que lo secuestraron tomaron sus datos personales y lo fotografiaron, por si en algún momento intentaba cruzar al otro lado, sin documentos, sin clave o permiso le volarían los sesos.
Ángel Daniel permanece en Casa INDI, con la ayuda de su hermano ha obtenido información de posibles trabajos en otros países, su hermano trabaja con el Gobierno y se ha contactado con la Secretaría del Trabajo y le informaron que hay disponibilidad de trabajo en España y Canadá. Actualmente tiene los documentos oficiales de México, solo espera el momento adecuado para irse a trabajar a España o Canadá. “Yo quiero regresar a mi Honduras pronto para comprar una casa, realizar instalación de paneles solares y sistemas de cámaras seguridad (vigilancia) y tener un negocio propio para un ingreso extra”.
Daniel Inocente es una persona honesta, trabajadora, no roba, no le hace daño a nadie, ni hace cosas malas o indebidas. La confianza que le ha brindó Casa INDI y los ciudadanos de Monterrey apoyándolo con donativos de dinero, especie y vestimenta, lo hace estar ampliamente agradecido. Un migrante hondureño que representa a todos los migrantes de su país y del mundo, que sufren abusos, violencia, discriminación y sobreviven a la intemperie, pero con el esfuerzo, persistencia y espíritu siguen adelante para lograr el sueño americano.
Ana Patricia Hernández Antonio








