CASA INDI

“Las iglesias deben ser de puertas abiertas”, el Papa Francisco recita, mientras que a las afueras de la iglesia Santa María Goretti un trágico suceso termina con la vida de un pobre indigente.

Hace aproximadamente 12 años en Monterrey durante la época invernal, se encontraba un indigente en busca de mejorar su vida bajo las frías temperaturas de la ciudad. Se encontraba completamente solo y sin ninguna ayuda, no tenía cobijo y tenía que aguantar todo lo que pudiera hasta que amaneciera.

Lamentablemente no logró ver el sol salir una última vez y sentir su calidez. El padre de la parroquia, Felipe de Jesús Sánchez Gallegos, vio a un hombre acostado afuera de la iglesia tratando de mantenerse cálido, pero ya era demasiado tarde, el frío había acabado con su vida lentamente.

“Mi dolor fue tan grande que en aquel momento me hizo recordar la frase del Santo Padre: Las iglesias deben ser de puertas abiertas. No sólo para otorgar el alimento espiritual, tan necesario en nuestros días, sino que opté también por dar cobijo, en la medida de mis posibilidades, a los pobres indigentes del área metropolitana y así fue como inició el proyecto de Casa INDI” mencionó el párroco de la iglesia.

Ubicada en la Avenida Bernardo Reyes número 2404 en la colonia Bella Vista, Monterrey, la Institución Normativa de los Indigentes (INDI), es una institución sin fines de lucro que se sostiene con el apoyo de algunas dependencias gubernamentales, empresarios, comerciantes, instituciones civiles y religiosas, pero, sobre todo, de la enorme generosidad de los bienhechores de la comunidad.

El sacerdote Felipe de Jesús también fundador y director indica que, aunque sea una institución católica se aceptan personas con cualquier denominación (adventistas, cristianos, mormones) y de la comunidad LGTBQ, todos son recibidos. Considera que su iglesia es subsidiaria cuando se toca apoyar. Su lema se fundamenta en el Evangelio de San Mateo capítulo 25: “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, fui forastero y me diste hospedaje”.

Con su albergue en el edificio de la Parroquia Santa María Goretti, atiende aproximadamente a 450 varones donde pueden pernoctar y tomar sus alimentos en el Comedor Comunitario Padre Roberto Infante, “El comedor de los pobres”. Está abierto a todo el público, el único requisito para entrar es tener hambre. El albergue es para aquellas personas que trabajan y no tienen donde quedarse, el horario para entrar a los dormitorios es de 8 a 10 p.m., no alcoholizados y se hace una revisión minúscula en sus mochilas al momento de ingresar.

Sánchez Gallegos con maestría en Ciencia de la Familia para la Consultoría, menciona los servicios con los que cuenta la institución como es: el Centro Ambulatorio (se apoya con medicamentos o, en caso necesario, se trasladan a los hospitales públicos para que sean atendidos) anexo para personas que buscan rehabilitación por alcoholismo y drogadicción; orientación jurídica, apoyo psicológico, ayuda con ropa y calzado, descuentos en transportes y bolsas de empleo. Todo completamente GRATIS.

El padre, a ocho años de la fundación de Casa Indi, sigue esforzándose en darle de comer y donde dormir a tanta gente migrante, ya que aún queda mucho por hacer. Con su proyecto “12 Apóstoles, 72 Discípulos y 7 Diáconos” se busca el crecimiento de espacio para ofrecer talleres de artes y oficios.

Para él, esta idea de reorganizar la migración que cruza por nuestro Estado tiene varios propósitos: dar servicios con la ayuda internacional de organizaciones como la ONU (Organización Internacional de las Naciones Unidas) y mejorar notablemente el Centro Ambulatorio con atención profesional y con la calidad humana que todos se merecen.

¿Quién es el hombre que está detrás de todo esto? El fundador de Casa INDI nos cuenta un poco de su vida y cómo llegó a ser sacerdote, nos encontrábamos en una oficina de cuatro paredes blancas adornada con libros, reconocimientos y un lindo piano. “Soy Felipe de Jesús Sánchez Gallegos, nací en Durango en el año 1963, hermano de ocho, mis padres Genaro Sánchez y Consuelo Gallegos. Desde pequeño me inculcaron asistir a misa y me educaron con valores cristianos. Al ser una familia numerosa vivíamos del día a día, al trabajar mi padre en el campo era complicado ganar dinero, por eso trabajaba a la edad de 7 años vendiendo fruta para apoyar en esa cuestión”.

Suspirando mientras se acomodaba en su asiento comenta lo que es servir a Dios “Todos creen que se elige el servir a Dios como se ejerce una carrera o un oficio, cuando siempre es Dios quien nos elige y es quien nos llama. Mi llamado a Dios comenzó después de haber terminado la secundaria. Al salir de mi cuarto sentí una voz interior que me decía ¡hazlo!, por eso ingresé al seminario menor en 1980”.

Felipe con gran entusiasmo menciona. “No es algo que nosotros hayamos escogido, aunque así lo parezca, es Él quien hace las cosas, siempre y cuando se meta en nuestra alma. No importa quien seas ni las barbaridades que hayas hecho, en tu vida anterior al encuentro con Él. Nos transforma con su amor y nos convierte en instrumentos suyos para la redención. Sólo nos pide que seamos dóciles a Él”.

Su primera designación a la parroquia fue en San Luis Villa Corona, Durango. Después se instaló en Monterrey en 2014 y fue asignado a la parroquia Santa María Goretti, donde comenzó su más grande sueño.          

La Casa INDI cuenta con muchas personas trabajando arduamente para su correcto funcionamiento y que se siga manteniendo a flote. José Jaime Salinas es un trabajador social responsable de proteger y ayudar a menores de edad que se encuentran en situación de vulnerabilidad por falta hogar debido a la crisis migratoria, ha participado en televisión y radio por veinticinco años en Estados Unidos y tiene un diplomado por ofrecer conferencias en ámbitos de migración infantil en México dirigido ante segmentos de grupos juveniles.

Salinas es todo un ejemplo a seguir dentro de la institución de refugio para migrantes conocido por abrir las puertas a los hermanos que necesiten de un techo y alimento. Cuenta con un gran positivismo a la vida, atento a cualquier situación de migrantes mexicanos y extranjeros. Asimismo, también se encarga de supervisar el área de recaudación de donativos, menciona que el Padre Felipe ha sido su consejero y salvador de vida.

José vivió en Estados Unidos durante su adolescencia y trabajó en la radio junto con un productor de Texas, tiempo después se casó y tuvo una adorable hija. “Recuerdo el sentimiento de felicidad cuando nació mi hija y al mismo tiempo me ofrecieron mi primer programa de radio, el destino estaba muy bien acomodado para mí”, expresó conmovido José.

Años después de su éxito en la radio, José se fue a la ruina cuando su esposa lo induce a los negocios sucios de la droga por más de cinco años, por lo que lamentablemente cae en vicios que casi perjudican su salud. Su esposa lo abandona y le pide el divorcio. Así fue como ella y su hija pierden comunicación con él.

Tras pasar por duros obstáculos, se encuentra con uno mucho mayor, es deportado de Estados Unidos y regresa a Monterrey en busca de un lugar para vivir. Dispuesto a cambiar su persona, decide cambiar para bien y tiempo después ve un comercial en Multimedios donde aparecía el sacerdote Felipe y decidió acudir a Casa INDI para cambiar su vida.

Inició como voluntario, haciendo la limpieza del comedor por más de cinco años y actualmente ofrece conferencias a grupos juveniles sobre temas de migración. Es querido por cientos de personas, abre su corazón e interactúa con los medios de comunicación para compartir sus pensamientos y filosofía de vida centrado en su religión católica y siempre comparte algunos consejos y recomendaciones para que no pasen lo mismo que él sufrió durante tantos años.

La labor de José es de gran ayuda para los niños. “Cuando los menores de edad ingresan a la estancia se les proporciona su kit de limpieza, se les ofrece acceso a hospitales gratuitos de la zona metropolitana. Casi les obligamos asistir a la escuela, por lo tanto tenemos un contacto directo con instituciones y organismos públicos. Siempre les hemos dicho que no importa que vayan tres días a la escuela, simplemente funciona como un entorno social para hacer amigos y llevar una vida lo más normal posible”.

Casa INDI no es sólo un lugar para dormir y comer, “La idea es que los niños y niñas no sientan que están en un albergue, sino en una casa hogar donde tienen la estadía veinticuatro horas, con áreas para jugar, acceso a una escuela, somos una casa hogar” menciona con satisfacción y felicidad el trabajador social.

José no sólo se encarga de los niños, también ayuda a las madres con hijos o mujeres embarazadas. “Los apoyos que les damos es que aquí tenemos un centro ambulatorio, una doctora, un doctor, en esos casos las doctoras son las que se encargan de eso, es más confiable y más correcto. Ellos deciden mandarlas al hospital para los exámenes correspondientes y visitan al médico de manera regular para que todo esté bien.” Expresó Salinas.

Continuó diciendo que en el proceso psicológico de las adolescentes en los mismos hospitales hay atención para ese transcurso. Al atender a una mujer embarazada, y si es menor de edad tiene que tener un tratamiento de por medio. “Si no están sus padres con ella es muy complicado, claramente hay que atenderla porque muchas veces se deprimen por sentirse muy solas embarazadas en un hospital, no está papá ni mamá, entonces se viene la necesidad de una atención psicológica”.

Al momento de nacer un niño de una mujer migrante en el Estado tiene que pasar por el proceso normal como cualquier otro recién nacido. Tienen que obtener todos sus documentos a través de los consulados correspondientes de su país, ya sea hondureña, salvadoreña, nicaragüense o de alguna otra nacionalidad. Esos son requisitos para que el consulado, una vez que les proporcionan todos sus datos vayan a un registro civil y registren al niño como nacido en México. Esto es un poco de lo que nos compartió José Salinas, sin duda tiene un trabajo muy importante en Casa INDI.

En los últimos años, se ha visto que mexicanos de otros Estados del país vienen en busca de mejores empleos o salarios en la ciudad de Monterrey, pero también, personas de otros países de Centroamérica han sido protagonistas por las constantes caravanas migratorias llegando a la ciudad regiomontana.

Se nos hace fácil opinar y juzgar la llegada de migrantes a la ciudad, pero nunca nos hemos puesto a pensar que un camino migratorio es tan agotador, complicado y peligroso. Muchas familias trasladándose con sus hijos en brazos, niños, niñas, mujeres embarazadas y personas de la tercera edad.

Exponen su vida por días y semanas de migración con el objetivo de mejorar su calidad de vida, porque en su país de origen no hay crecimiento laboral y/o económico, ni mucho menos una calidad de vida digna que todos merecemos.

El inmigrante Ángel Daniel Inocente Dera nos contó acerca de cómo logró llegar a Nuevo León para restaurar su vida. Inocente es un hondureño de 47 años de edad, estatura de 1.65 cm aproximadamente, cuerpo tipo delgado, con brazos cortos, ojos hundidos y pequeños, cejas cortas, ojos color negros, tez bronceada, orejas grandes, nariz ancha, labios finos y una marca de cicatriz en la frente.

Nació el 19 de marzo de 1975, en la capital Tegucigalpa en Honduras. Es perito mercantil y contador público, fue Jefe de Administración en una ferretería en Honduras, además, tiene oficio de electricista y pintor. Actualmente es voluntario en Casa INDI en el área de almacén.

Salió de Honduras solo y se dirigió a los Estados Unidos para cumplir su sueño americano y conocer por primera vez a su hija, llegó a Monterrey el 12 de junio del presente año. En su trayecto de migración estuvo solo, caminó por la entrada de la Frontera Corozal hasta Coatzacoalcos, Veracruz.

En su trayecto lo persiguen delincuentes con la intención de robarle lo poco que tenía e incluso las autoridades de migración lo estaban buscando. Se dormía en las vías del tren, la línea del tren la usaba como almohada y la tabla como si fuera una cama. Estuvo expuesto a los constantes cambios de clima, frío, sol hasta la lluvia, se bañaba en los ríos y en los montes hacia sus necesidades.

Eso no fue lo más trágico de su viaje, Ángel Daniel fue víctima del crimen organizado, su paso por la Frontera de Nuevo Laredo, Tamaulipas al Norte de México, tuvo como resultado una desgarradora y atroz experiencia. Unos hombres de aspecto rudo y dominante lo secuestraron, lo golpearon, le causaron heridas graves, le fracturaron las dos piernas y le cortaron la frente, ¡Casi me matan!, exclamó asustado y con voz temerosa.

“Intenté escapar en varias ocasiones, pero ellos me alcanzaban, por eso me rompieron las piernas. Entonces me encerraron en el vagón de un tren como a las 5 de la tarde, me dijeron que me fuera a Monterrey y que no volviera a intentar cruzar a la frontera. Me dejaron más muerto que vivo, mucha sangre salía de mi cuerpo, empecé a sentir mucho frío y a quedar sin fuerzas.” Mencionó Daniel.

Después de todo ese sufrimiento, quedó varado en un Oxxo y una ambulancia fue por él para transportarlo al Hospital Universitario. Lo ingresaron y le curaron todas las heridas que tenía hasta que fue dado de alta.

Tenía que pagar por el tiempo que permaneció en el hospital y por la curación que le realizaron, pero Daniel no tenía nada de dinero, no conocía a nadie ni mucho menos tenía un lugar donde dormir. “Aquí no hay ningún hotel y tiene que irse. Me sacaron del hospital y mi única opción era quedarme en la calle”.

Daniel conoció a un taxista amable mientras estaba vagando por las calles y lo llevó a un albergue, así es como llegó a Casa INDI. “Permanecí cuatro meses y medio en condiciones de recuperación, pues me encontraba en silla de ruedas y muletas” mencionó Inocente con un alivio y tranquilidad en su rostro.

Decidió quedarse en Casa INDI ofreciéndose como voluntario debido a las lesiones y fracturas que su cuerpo sufrió, tuvo un trauma psicológico que no permitía que él saliera a la calle a buscar trabajo.

Su estancia en el albergue fue con un recibimiento cálido, amable y digno. Lo ayudaron y pudo encontrarse consigo mismo, hablando psicológica y espiritualmente. “El Padre Felipe, me dio la mano y me dijo: Aquí estoy apoyándote, como parte de mi agradecimiento estoy como voluntario ayudando en Casa INDI.

Angel Daniel permanece en el albergue ya que su sueño de llegar a Estados Unidos se ve muy inalcanzable debido a que los delincuentes que lo torturaron lo fotografiaron y tomaron sus datos en caso de que quisiera cruzar.

Daniel Inocente es una persona honesta, trabajadora, no roba, no le hace daño a nadie, ni hace cosas malas o indebidas. La confianza que le brindó Casa INDI y los ciudadanos de Monterrey apoyándolo con donativos de dinero, especie y vestimenta, lo hace estar ampliamente agradecido. Un migrante hondureño que representa a todos los migrantes de su país y del mundo, que sufren abusos, violencia, discriminación y sobreviven a la intemperie, pero con el esfuerzo, persistencia y espíritu siguen adelante para lograr el sueño americano.

Los invitamos a seguir informándose a

“Migrar es algo propio del ser humano, una condición de vida o muerte que conlleva a varias situaciones “– Felipe de Jesús Sánchez Gallegos.

Elaborado por:

Perla Yamileth Larreta Amaya

Ana Patricia Hernández Antonio

Mariana Melina Simón Villarreal

Ximena Montoya de Lira

Brandon Ismael Macías Cepeda