Por: Fabricio Zepeda
La nueva cinta del galardonado director J. Xavier Velasco adentra al cine mexicano en una narrativa de suspenso y crimen con Psicópata: El Asesino del Conejo Blanco que propone una historia realista sobre la psicología criminal en el país, explorando los peligros de trastornos neurológicos de una manera perturbadora.
Una psicóloga criminal, Nora (Adriana Llabrés) junto a un veterano investigador, Eder (Andrés Almeida) comienza a investigar y buscar a un asesino en serie, Ariel (Hoze Meléndez) que deja como distintivo origami en forma de conejo junto a sus víctimas. La película explora los abusos y traumas de la infancia y los fallos de un sistema social.
Propuesta novedosa
Si bien, la cinta cuenta con fallos principalmente de su historia, es una apuesta novedosa por parte de su director Velasco de la mano del guionista Fernando Barreda Luna, quienes junto un elenco de primera buscan destacar de la tendencia dominante del cine nacional relacionados a la corrupción política o el crimen organizado, adentrándose a temas más sociológicos y psicológicos.
El thriller mexicano combina bien el suspenso y el crimen de la violencia social tanto en las calles de la ciudad como en la familiar, siendo el foco principal la examinación del deterioro de empatía por víctimas de abusos que desarrollan trastornos violentos como la psicopatía o de personalidad múltiple, aspectos neuro divergentes que poco se tratan en el país médicamente, y mucho menos en el entretenimiento según lo compartido por Aguillón C. (2026).
El que mucho abarca, poco aprieta
Desafortunadamente la historia deja mucho que desear debido a la insatisfacción que entrega parte del segundo acto y de su final, debido a que propone distintos temas con personas y sus propias subtramas que no termina desarrollando por completo todas a pesar de ser muy interesantes; uno cabe duda que con un poco más de tiempo la cinta pudo indagar y desarrollar mejor.
La cinta crea buenas atmósferas perturbantes y terroríficas siguiendo los paradigmas del género detectivesco junto al thriller, no llega aprovechar todos los recursos que plantea, debido a que precisamente ese exceso de elementos limitan lucir cada una de ellas que no termina concretando todas o las solucionan de una manera anticlimática.
Aire fresco al cine mexicano
No obstante, no disminuye el mérito de la producción de la cinta; con una productora mexicana Nopal Army Film respaldando el proyecto, y un elenco de talla como los ya mencionados Adriana Llabrés —protagonista de la aclamada Todo el silencio (2023)—; el célebre Andrés Almeida que ha participado en cintas como Y tu mamá también (2001) y Bardo: una falsa crónica de unas cuantas verdades (2022); y el versátil Hoze Meléndez con protagonismo en la cinta Cocodrilos (2024) del mismo Velasco —mención honorífica en Sueño de Otro Idioma (2017)—, la cinta logra demostrar que en México hay géneros que no se han explorado lo suficiente y que es posible apostar por los mismos.
Sin duda alguna, a pesar de no aterrizar todo lo planteado, es un gran paso dentro del cine nacional, que puede impulsar a próximos proyectos en indagar y explorar problemáticas poco abordadas en el entretenimiento del país, buscando la reflexión individual y colectiva y la forma de tratar situaciones de alto riesgo.









