Por: Fabricio Zepeda
Letras Robadas (Power Ballad) una de las sorpresas más agradables para iniciar el verano en los cines, debido a que el director John Carney, trabaja con el entrañable Paul Rudd junto al sensacional cantante Nick Jonas, miembro de los Jonas Brothers, para conmover estrepitosamente con melodías y diálogos profundos, traída por Cinépolis Distribución, una historia que llegará al corazón de la audiencia.
Un frustrado músico, quien toca para bodas, cruza palabras, letras y melodías con una joven promesa en la gran industria del pop, quien, en excusa de impulsar su carrera como solista, robaría la canción del experimentado músico y lucraría con los sentimientos y pensamientos de otro.
Entre un viaje de música y nostalgia
Conmovedora y diversa, la película logra adentrarse en la historia en un ritmo muy similar a la música, con un intro, versos, coros, puentes y un cierre emotivo que combinando varios géneros musicales desde el rock ochentero, cruzando por indie ligero de los noventas, hasta llegar a un pop reconcile de los años 2010, la cinta es tan diversa en sus géneros musicales como en las emociones que provoca.
Habla acerca del amor y de los sacrificios que estamos dispuestos a realizar para conseguir una meta: llenar estadios, crear un éxito musical o incluso formar una familia unida, cercana y auténtica, llena de amor y confianza.
Es una reflexión sobre lo que buscamos realmente vivir y qué nos dará una satisfacción. No siempre se trata de un éxito convencional, a veces es sobre una paz interna.
Paul Rudd como el anticuado compositor, pero responsable y amoroso padre (Rick Power) es alguien entusiasta que se siente fuera de su tiempo y que ya no está en la posición de lograr un éxito global moviendo a masas cantando a voces sus letras, pero con carisma, empatía, amabilidad e incluso su tolerancia a burlas y ser ignorado, Rudd logra una cercanía con su personaje que rezas porque pueda reclamar lo que le pertenece, a pesar de que siempre tuvo lo que honestamente decidió tener.
Nick Jonas es representado como el próximo solista destinado a la fama y éxito en el mercado global (Danny Wilson), que incluso nunca muestra una malicia o perversión en su personalidad, es alguien educado, amable y generoso, quien únicamente está influenciado por su entorno laboral al que estuvo expuesto desde temprana edad, y con una presión corporativa, se comprende su frustración en tener que ser exitoso en la vida. Que cabe aclarar, no es justificación alguna para realizar crímenes tanto inmorales como ilegales, pero puedes empatizar.
Como extra, los personajes, tanto secundarios como terciarios, se vuelven icónicos que apoyan a la trama a avanzar y hacer ligeros momentos que necesitan un aire para continuar.
Estética presente y efímera. Logra cautivar y capturar la tranquilidad y humildad de los paisajes de Irlanda que transmiten esa paz, control y sencillez de la vida de nuestro protagonista (Rick Power), que contrasta con los enormes rascacielos, habitaciones y lujosos accesorios de la rutina del solista en potencia (Danny Wilson), que al mantenerse en una sencillez en la cámara, presenta ambos contextos como realidades deseables por ambos personajes, pone en jaque cuál desearíamos vivir.
Con un mensaje de responsabilidad moral, de cómo lograr nuestras metas, la cinta logra conmover y poner sentimental a la audiencia, reflexionando sobre nuestras acciones ante la manera en que queremos lograr las cosas, y qué queremos lograr. Siendo que una familia unida puede representar mucho más que estadios con millones de fanáticos, mansiones y automóviles costosos, pues es la vida que uno puede decir hacer sin arrepentimientos.








